Un abrazo. Sus latidos. Su brazos rodeando tu cintura, pero... ¿Que te queda? Solo unas manos inertes que no son capaces de recordar lo que significaba antes el pecho de su cuerpo contra el tuyo. Solo un corazón inerte, sin vida en un pecho cuyo hueco ha sido sustituido por una maquina que únicamente se limita a bombear tu sangre... la poca sangre fría que te queda. La sangre que quizá un día el con sus besos pudo revitalizar.
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